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El Bicentenario de la Patria: La Patria es un don, la Nación una tarea...
La Patria es un don, la Nación una tarea...

El Palomar, martes 11 de mayo de 2010 (María Fernanda Grosso). El Bicentenario se presenta como una oportunidad para acercarnos a la realidad de nuestro país a la luz de la fe, con una mirada crítica y realista, pero también esperanzadora porque tenemos que estar convencidos de que, por encima del mal que oprime al hombre, está la acción redentora y salvífica de Jesucristo, que ha vencido a la muerte y al pecado con su Resurrección.

No menos importante es aprender a reconocer nuestros errores, con la firme convicción de enmendarlos y evitarlos en el futuro, apostando siempre por el bien común, el bien de todos.

Reconocemos que hay problemas más urgentes que nos afectan a todos, especialmente a los más pobres y excluidos, la salud, la educación, el trabajo y la vida, y para superar esta crisis es necesario que todos nos convirtamos, evitando la división con el pueblo, y dejando de lado la búsqueda de privilegios personales o sectoriales, sabiendo que muchos de los males que padece nuestra sociedad se acabarán cuando entremos por el camino de la conversión que nos propone Jesucristo. Sólo así se podrá recrear una patria más justa, solidaria y fraterna.

Muchos pueblos al reconocer que la crisis que sufrían era fruto del propio actuar, y no perdieron su tiempo en responsabilizar de la misma sólo a los otros, pudieron enfrentarla con éxito, y muchas veces realizaron una obra admirable de reconstrucción.

No estamos solos, Jesús camina con nosotros y está de nuestra parte, debemos y tenemos que realizar una nueva mirada esperanzadora -es decir con los ojos de Dios- de nuestra realidad cultural, política y social para poder avanzar como Nación.

Asumir esta misión es el mejor modo de celebrar el Bicentenario. Es un momento único para agradecer el pensamiento, ejemplo y accionar de muchos hombres y mujeres que se pusieron al servicio de la construcción de una nación mejor.

Debemos ser artífices de la construcción de una nueva nación, con espíritu fraterno y solidario. Esta es la hora de dejar de ser simples habitantes y pasar a ser verdaderos ciudadanos comprometidos con nuestro país. Esta es la hora de reconocer que nuestra Patria es un don que hemos recibido, y que la Nación es una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo.

Son muchos los que han trabajado y otros que hoy en día están realizando esfuerzos grandes y de modo perseverante por el bien común, generando así una corriente de solidaridad y justicia para reconstruir nuestra nación. Es oportuno que en este Bicentenario se reconozcan y se agradezcan a muchos “próceres” ocultos que, con una labor desinteresada y silenciosa, asumieron la tarea de hacer una Nación.

Se nos presenta un panorama esperanzador como Nación. María, la Madre de Jesús fue constituida por El como Madre de todos los hombres, como Madre nuestra. De la mano de María de Luján, elevemos nuestros corazones agradecidos a Dios que con su amor providente nunca nos abandona. A Ella acudimos para que nos sostenga en la tarea de recrear la voluntad de ser Nación y de poner todo nuestro esfuerzo para apostar por el Bien Común. Unidos en cada Eucaristía invocamos al Señor, fuerza de su pueblo, para pedirle por nuestra querida Patria, y para repetirle, como tantas veces lo hemos hecho:

“Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos”, Amén.

“Con María construyamos una Patria para todos”


María Fernanda Grosso