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23/03
San José Oriol
Sacerdote (1650-1727). Hijo de Juan y de Gertrudis que tuvieron siete hijos. Juan murió pronto, con solo treinta y siete años, uno más de los que se llevó la peste de 1651. La madre, con tanta familia, se casó otra vez con Domingo Pujolar, que fue nuevo padre para José, y vino añadiendo un nuevo hijo a los siete de la esposa; pero también este padrastro se murió pronto. José se hizo monaguillo de la comunidad de Santa María del Mar, un empleo que era para pobres; pero aquí aprendió letras y latines hasta que llegó al doctorado.

Quería ser sacerdote pero tuvo dificultades por ser pobre; no bastaba con tener ganas, ciencia y estar dispuesto a la santidad; era preciso, casi una condición necesaria, tener un beneficio que asegurara el pan necesario y lo demás. Menos mal que una vacante en el obispado de Gerona fue remedio, aunque la renta era sólo simbólica: "un escudo de oro de cámara romano" que equivalía a siete pesetas al año. Suficiente para la formalidad.

Detrás había un amigo que suplirá una renta anual. Comienza como preceptor de la familia Gasneri, de origen milanés. Y eso que José Oriol era Doctor en Teología por la universidad civil de Barcelona y había opositado, aunque sin éxito, a la cátedra de Hebreo. Cuidará de Pepito, de siete años y de Paquita que sólo tiene dos. Durará el trabajo diez años haciendo vida con esta familia, pero comiendo solo, porque desde que un día trinchó pavo y por tres veces se la paralizó el brazo, en adelante únicamente comerá y beberá pan y agua.

Con este ayuno ordinario comenzó su reconocida austeridad que le hizo delgado y macilento al tiempo que ganaba en suavidad para preparar la Primera Comunión de los niños. Con bordón, andando y pidiendo limosna por el camino peregrinó a Roma en 1696. Por mediación del cardenal Coloredo, que era oratoriano, el Papa Inocencio XI le concede el beneficio de Santa María del Pino donde sólo hay beneficiados y a su alrededor y detrás de ellos toda una caterva de capellanes, pasionarios y vicarios. Le hicieron "apuntador" y "bolsero" con el encargo de llevar la cuenta de las asistencias a coro y de repartir los dineros correspondientes.

Se le dio mejor el cargo de enfermero. Tuvo como director de su alma a un carmelita y era asiduo lector de san Juan de la Cruz. No tomó jamás las vacaciones que le correspondían por su beneficio y recorría Barcelona a pie. A pie también se quiso ir a misiones, pero no pasó de Marsella donde enfermó, y la Virgen le hizo ver que donde Dios lo quería era en Barcelona.