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Lunes 16 de noviembre de 2026
TEXTOS
Libro del Apocalipsis 1,1-5a;2,1-5a
Ésta es la revelación que Dios ha entregado a Jesucristo, para que muestre a sus siervos lo que tiene que suceder pronto. Dio la señal enviando su ángel a su siervo Juan. Éste, narrando lo que ha visto, se hace testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de esta profecía y tienen presente lo que en ella está escrito, porque el momento está cerca. Yo, Juan, escribo a las siete Iglesias de Asia: Gracia y paz a vosotros de parte de Aquel que es y era y viene, de los siete espíritus que están ante su trono, y de Jesucristo. ¡A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos, amén!
Oí cómo el Señor me decía: "Al ángel de la Iglesia de Éfeso escribe así: 'Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y anda entre los siete candelabros de oro: Conozco tus obras, tu fatiga y tu aguante; sé que no puedes soportar a los malvados, que pusiste a prueba a los que se llamaban apóstoles sin serlo y descubriste que eran unos embusteros. Eres tenaz, has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes.'"
Salmo 1
"Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida."
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
Será como un árbol, plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.
Evangelio según San Lucas 18,35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello, y le explicaron: "Pasa Jesús Nazareno". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!" Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "Señor, que vea otra vez". Jesús le contestó: "Recobra la vista, tu fe te ha curado". En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
COMENTARIO
Jericó era una ciudad elegante, un lugar donde se veían personas finas, con ropas lujosas y perfumes caros. Jesús se aproxima a esta geografía.
El ciego del lugar es parecido a la viuda insistente que conocimos al inicio de este mismo capítulo del evangelio. Él también ha tenido que vencer muchos obstáculos para llegar a Jesús. ¿Pero qué quiere este ciego? ¿Acaso quiere limosna? ¿Acaso una miserable ayuda para su indigencia? Así parece, cuando grita "Hijo de David, ten compasión de mi". Pero cuando llega ante Jesús algo ha cambiado, porque Jesús no le ofrece limosnas, sino que lo trata como un sujeto, como nadie lo ha tratado quizás nunca. Jesús le habla y le pregunta por su deseo, no por su necesidad. Y aquí el ciego ya no lo llama Hijo de David, sino que lo llama Señor. Se han abierto los ojos de la fe y ahora es un testigo, un discípulo. Y eso quizá, sea lo más importante de esta historia.
Cuando asistimos a personas necesitadas ¿les preguntamos por sus anhelos?.
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