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Liturgia y Espiritualidad: Textos Litúrgicos
Martes 17 de noviembre de 2026

TEXTOS

Libro del Apocalipsis 3,1-6.14-22
Yo, Juan, oí cómo el Señor me decía: "Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe así: 'Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios. Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Ahí en Sardes tienes unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen. El que salga vencedor se vestirá todo de blanco, y no borraré su nombre del libro de la vida, pues ante mi Padre y ante sus ángeles reconoceré su nombre. Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias.' Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe así: 'Habla el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca. Tú dices: «Soy rico, tengo reservas y nada me falta». Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro refinado en el fuego, y así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez; y colirio para untártelo en los ojos y ver. A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él. Quien tenga oídos, oiga la que dice el Espíritu a las Iglesias.'"

Salmo 14
"Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí."

El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R.
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R.

Evangelio según San Lucas 19,1-10
En aquel tiempo entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: "Ha entrado ha hospedarse en casa de un pecador". Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".


COMENTARIO

Jesús se concibe así mismo como un hombre libre, "dueño" del sábado y capaz de levantar el "templo" en tres días. Tal como lo hizo con el ciego de Jericó, Jesús rompe las distancias físicas y simbólicas que lo separan de Zaqueo.

El relato habla del inmenso deseo de este hombre pequeño para ver a Jesús, y el esfuerzo que llegó a desplegar no fue en vano. Porque no solamente pudo verlo en persona sino que además fue llamado por su nombre y le pidió que lo recibiera en su casa.

Jesús no se conforma con la forma impersonal de relación. Él quiere encontrarse con el sujeto que hay en Zaqueo. Y de ese encuentro personal e íntimo surge lo mejor de la persona, sin presión ni obligación. Surge por agradecimiento y generosidad. En estos encuentros de Jesús con las personas hay una pedagogía pastoral que necesitamos recuperar para ir a encontrarnos con quienes se hallan en las periferias de la sociedad, personas y situaciones que desconocemos totalmente, pero que esperan ser convocadas.