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Liturgia y Espiritualidad: Textos Litúrgicos
Viernes 20 de noviembre de 2026

TEXTOS

Libro del Apocalipsis 10,8-11
Yo, Juan, oí cómo la voz del cielo que había escuchado antes se puso a hablarme de nuevo, diciendo: "Ve a tomar el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra." Me acerqué al ángel y le dije: "Dame el librito." Él me contestó: "Tómalo y cómetelo; al paladar será dulce como la miel, pero en el estómago sentirás ardor." Tomé el librito de mano del ángel y me lo comí; en la boca sabía dulce como la miel, pero, cuando me lo tragué, sentí ardor en el estómago. Entonces me dijeron: "Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes."

Salmo 118
"¡Qué dulce al paladar tu promesa!"

Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas. R.
Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros. R.
Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca! R.
Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. R.
Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos. R.

Evangelio según San Lucas 19,45-48
En aquel tiempo entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: "Escrito está: 'Mi casa es casa de oración'; pero vosotros la habéis convertido en una 'cueva de bandidos'". Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.


COMENTARIO

Jesús llega a la ciudad, centro de todos los poderes, y se dirige al templo, corazón del poder religioso.

En las fiestas judías, en especial la Pascua, el templo y toda la ciudad se convertían en un tumulto de peregrinos que llegaban de muchos lados. En las cercanías del templo había vendedores de todo tipo de ofrendas, animales, aromas e inciensos. Además había cambistas de monedas, porque las que se depositaban en el templo eran de cuño propio y no se aceptaba otro tipo de ellas. Los peregrinos hacían sus rituales religiosos y, quiénes podían, ofrendas monetarias para el funcionamiento del templo. Todo un sistema religioso atravesado por intereses particulares y por el dinero como medio y como fin.

A veces es difícil darse cuenta cuándo se comienza a invertir el valor de las cosas, es decir, cuándo el dinero deja de ser un medio para convertirse en el centro de las acciones. Tanto en casa como en las comunidades no estamos exentos de este riesgo.

¿Estamos atentos?