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Liturgia y Espiritualidad: Textos Litúrgicos
Lunes 23 de noviembre de 2026

TEXTOS

Libro del Apocalipsis 14,1-3.4b-5
Yo, Juan, miré y en la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Oí también un sonido que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano, y como el estampido de un trueno poderoso; era el son de arpistas que tañían sus arpas delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo. Nadie podía aprender el cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta.

Salmo 23
"Éstos son los que buscan al Señor."

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

Evangelio según San Lucas 21,1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el cepillo del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: "Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra; pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir".


COMENTARIO

Uno de los grandes misterios de la fe cristiana es la Encarnación del Hijo de Dios. Creemos en un Dios cercano y sencillo, que ve lo oculto, lo pequeño y conoce el valor de nuestros esfuerzos, esos que, probablemente, nadie valora.

Tal como lo relata el evangelio de Lucas, las contribuciones que se depositaban en el templo para las fiestas eran destinadas a impuestos, ofrendas, leña, utensilios y mantenimiento del lugar. Algunos aportes eran voluntarios y se depositaban en cofres ubicados en el Atrio de las Mujeres. Allí estaría Jesús observando todo ese movimiento, pero tan solo aquella viuda pobre llamó su atención.

Muchos de nosotros que trabajamos con niños, jóvenes, ancianos, enfermos, con personas carentes o simplemente con otros compañeros tenemos que aprender a observar al modo de Jesús y medir no con la misma medida a todos, sino a cada uno con la medida del esfuerzo que está a su propio alcance.

¿Cómo nos miramos a nosotros mismos?, ¿Sabemos valorar nuestros logros y esfuerzos cotidianos?